Ayer tuve una recaída.
Volví a pensar en lo mucho que anhelo que mi corazón deje de latir.
Volví a pensar con rabia que nadie esta para mí y que los demás me odian.
Volví a intentar lastimarme.
Volví a permitirme pensamientos negativos sobre mi vida.
Volví a desear la muerte con todo mi corazón.
Si, tuve una recaída, pero también...
Volví a pensar en el espacio que ocupo y lo mucho que amo estar aquí, junto a ti.
Volví a permitirme llorar desconsoladamente como nunca lo había hecho.
Volví a creer que soy perfecta por el simple hecho de ver tanta imperfección en mí.
Volví a creer que las benditas curativas para dolores emocionales, son los recuerdos que tengo contigo.
Volví a desear tu abrazo, beso y caricia que me liberaban del mundo y sus dolores.
Tuve una recaída, para darme cuenta de lo importante que es caerse para surgir, para ser fuerte, para VIVIR.
Tuve una recaída, sí, pero es necesario caer para tomar impulso y ser mejor cada día.
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