Crecer es entender que el amor no es como lo soñamos sino como lo necesitamos.
Fuiste mi sueño. Un sueño lleno de utopías, de ojalás, de quizás, de intentemoslo cada vez, aunque cueste.
Soñaba con una vida contigo, con despertar en nuestro hogar cada mañana. Ese hogar que construimos durante tanto y que los dolores individuales acabaron, por qué no supimos manejarlos en conjunto. Fuiste mi hogar, un hogar donde podía ser yo, o al menos las partes que te gustaban. Un hogar que acogió todo mi corazón, mis secretos, mi vulnerabilidad, mi ser. Un hogar que fue hogar desde el día uno, donde mi niña asustada podía refugiarse. Refugio que en ocasiones confundí con manipulación, pero de eso no trata esta carta...
Soñaba con verte cada día de mi vida, cada noche antes de dormir, cada tarde de preguntas, cada fin de semana de no hacer nada. Soñaba con tener una versión pequeña tuya, que me dijera mamá y que preguntara todo lo que no entendía como tú. Soñaba con ver a nuestras familias reunidas, el día que simbólicamente decidiéramos jurarnos amor infinito frente al mundo, pero sabes la historia, mis relaciones de pareja con mi familia eran (son) complicadas. Soñaba con entender cada uno de los miedos que se cocinan en tu corazón y vencerlos como el equipo que siempre fuimos. Soñaba con una casa muy grande donde viéramos crecer animales, plantas y el amor, pero eso se desvaneció en medio de la desconfianza y los temores. Soñaba con ser quien te abriera la puerta de los autos que podíamos tomar, con llevarte flores por que sí, de tener tus arepas de queso cada domingo por la mañana, con la comida que empacabas con mucho amor para mí cada día.
Creo que soñaba tanto que no veía que en parte estaba viviendo el sueño, pero mi cabeza no entendía la vida, no entendía cuál era mi propósito dentro de ese sueño y creía que ese sueño no era mío, sino de alguien más.
En fin, este fue, es y seguirá siendo un sueño, mi sueño. Un sueño que a nuestras versiones de 15 años les parecía imposible, pero siempre supimos como hacerle zancadilla a la vida y salirnos con los deseos de nuestro corazón.
Ahora, diez años después, soy consciente de que tuvimos ese sueño, sin embargo entenderlo a nuestra corta edad era difícil, y mucho más complejo, mantenerlo con las condiciones de nuestro entorno. Lo bueno aquí, es que aprendimos, y todo en la vida es aprendizaje. Tu fuiste, eres y seguirás siendo mi sueño, y ojalá algún día yo hubiera sido lo que necesitabas y tú lo que yo necesitaba, pero la vida es así, nos deja vivir imposibilidades para aprender y reflexionar de ellas.
Me ha costado mucho después de tanto escribirte y olvidarte, mi eterno amor, mi eterna utopía, como te lo dije una vez eres y seguirás siendo parte de mí, y una no puede olvidarse de si misma.
Solo sé que te admiro, y hablo de ti con todo el amor que te tuve y que te sigo teniendo, porque aunque la vida finalmente nos venció y obligó a ir por rumbos separados, agradezco mucho la oportunidad que tuve de compartir una vida tan maravillosa y tan llena de utopías contigo.
Gracias por permitirme soñar junto a ti, y por de alguna manera seguir siendo parte de mis sueños. Te amo y amo ver, así sea desde lejos, que la vida te sonrió y que eres muy feliz como algún día lo quisimos.
Comentarios
Publicar un comentario