Crecer es entender que el amor no es como lo soñamos sino como lo necesitamos. Fuiste mi sueño. Un sueño lleno de utopías, de ojalás, de quizás, de intentemoslo cada vez, aunque cueste. Soñaba con una vida contigo, con despertar en nuestro hogar cada mañana. Ese hogar que construimos durante tanto y que los dolores individuales acabaron, por qué no supimos manejarlos en conjunto. Fuiste mi hogar, un hogar donde podía ser yo, o al menos las partes que te gustaban. Un hogar que acogió todo mi corazón, mis secretos, mi vulnerabilidad, mi ser. Un hogar que fue hogar desde el día uno, donde mi niña asustada podía refugiarse. Refugio que en ocasiones confundí con manipulación, pero de eso no trata esta carta... Soñaba con verte cada día de mi vida, cada noche antes de dormir, cada tarde de preguntas, cada fin de semana de no hacer nada. Soñaba con tener una versión pequeña tuya, que me dijera mamá y que preguntara todo lo que no entendía como tú. Soñaba con ver a nuestras familias reunidas, ...