Con tu llegada a mi vida, dejé de lado muchas cosas que hacia para protegerme, porque te sentías como mi hogar, mi lugar seguro.
Dejé de lado mi orgullo y frialdad, para abrir mi corazón y mostrarte lo mucho que quería ser amada.
Dejé de lado la evasión a mis emociones y me permití sentir todo aquello que una vez me dijeron que era malo.
Dejé de lado los miedos que me habían instaurado desde niña, y decidí pelear a mi manera contra viento y marea para tenerte.
Dejé de lado la tristeza que invadía mi vida, porque tus ojos y tus manos me hicieron creer que todo estaba bien si luchaba junto a ti.
Dejé de lado todos mis mecanismos de protección, porque me hiciste sentir que de ti no debía protegerme.
Pero vida, me lastimaste. Me enseñaste que siempre debemos protegernos, incluso de nuestro hogar. Porque nuestro hogar también puede herirnos de formas que no conocemos. Nuestro hogar también puede rompernos el corazón, así nos haga sentir que no.
Desde hoy, soy consciente que no estamos a salvo en ningún lugar que nos haga sentir que es hogar. No estamos a salvo con nadie, a excepción de nosotros mismo. Soy mi propio hogar, mi propio lugar seguro y no te voy a permitir a ti, ni a nadie que me lastimen de la forma en la que lo hiciste.
- Marielen Salazar.
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