Despierto y caigo en cuenta que estoy en la realidad a la que siempre le tuve miedo: Levantarme y saber que ya no estás conmigo. Me encuentro entre mis sábanas extrañándote, llorándote y pensando en varios momentos...
Es ahí en ese sentir dónde repienso y recuerdo ese último mensaje que me enviaste. Ese maldito mensaje, que retrataba todo aquello que una vez te dije que me lastimaba, y tú lo hiciste, me heriste, abriste la herida que había demorado en sanar.
Ahí, en ese momento, me llené de rabia, de dolor, porque pensé que nunca lo harías y lo hiciste. Lo hiciste y eso es lo que más me duele.
Ese dolor me ha ayudado estos días para no caer de nuevo en el sentimiento de vacío que dejaste, sino que me he enfocado en la única persona que puede hacerme feliz: yo.
Te extraño menos que ayer y más que mañana.
~Marielen Salazar.
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