Estaba ahí, mirándola (como siempre). Cuando se percató de eso, no pude evitar sonreír. Al instante me ruboricé y sentí que sonrojaba a tal punto de parecer, lava de un volcán en erupción. Mis nervios fueron aún más grandes que los que tienen los niños al escuchar truenos de una tormenta. Y mi cuerpo temblaba como uno de los sismos más grandes que han habido en la historia del mundo. Me convertí en un desastre en cuestión de segundos. La peor catátrofe del universo ocurrió en mí, me había enamorado.
- Marielen.
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